
Miles de cuidadores familiares en California apoyan diariamente a un ser querido sin reconocerse como cuidadores.
Miles de hispanos en California cuidan a un padre, una madre, un abuelo o un familiar mayor sin reconocerse como cuidadores. Lo que muchos desconocen es que existen programas gratuitos que pueden aliviar la carga física, emocional y económica que implica esa responsabilidad.
La necesidad de apoyo para los cuidadores seguirá creciendo. California ya cuenta con cerca de 9 millones de residentes mayores de 60 años, y por primera vez en la historia del estado, este grupo supera en número a los menores de 18 años. Para 2030, uno de cada cuatro californianos tendrá 60 años o más, lo que aumentará la necesidad de cuidadores familiares y de servicios de apoyo en el hogar.
En muchas familias latinas, esa responsabilidad suele recaer en hijos, hijas, esposos o nietos, quienes con frecuencia la asumen sin reconocerse como "cuidadores" y sin conocer los recursos disponibles.
Esta realidad fue uno de los temas centrales de un encuentro organizado por el Departamento de Envejecimiento de California (CDA) y American Community Media (ACoM), donde especialistas y líderes comunitarios analizaron los desafíos que enfrentan los cuidadores familiares.
Una labor que también afecta la salud del cuidador
Alexis Glidewell, directora de programas del Redwood Caregiver Resource Center, explicó que diversos estudios muestran que los cuidadores familiares tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el estrés y de sufrir ansiedad y depresión con más frecuencia que quienes no desempeñan este papel.
"Los cuidadores familiares tienen más probabilidades de desarrollar problemas de salud relacionados con el estrés", señaló la especialista.
¿Quién es considerado un cuidador familiar?
Un cuidador familiar es cualquier adulto que, sin recibir un salario, ayuda de forma regular a un familiar, pareja o amigo que necesita apoyo debido a la edad, una enfermedad o una discapacidad.
Las responsabilidades pueden incluir hacer las compras, preparar alimentos, transportar al paciente a consultas médicas, administrar medicamentos, ayudar con la higiene personal o brindar atención permanente a personas con Alzheimer u otras formas de demencia.
Para Leonardo Lobato, director ejecutivo del Centro La Luz, en Sonoma, la cultura familiar latina influye profundamente en la manera en que muchas personas viven el papel de cuidador.
"En muchas familias latinas este trabajo no se percibe como una carga, sino como un deber profundamente ligado a los valores familiares y al compromiso de cuidar unos de otros", explicó.
Sin embargo, esa misma cultura de solidaridad puede llevar a que muchas personas no pidan ayuda, aun cuando el agotamiento físico y emocional ya está afectando su salud.
"Tuve que dejar mi trabajo"
Mirella Alcaraz, residente de Sonoma, conoce esa realidad de primera mano.
Durante cinco años cuidó primero a su madre y, tras su fallecimiento, a su padre, quien padecía diabetes, demencia y posteriormente sufrió la amputación de ambos pies.
"Tuve que renunciar a mi empleo para cuidar a mi madre. Después continué cuidando a mi padre. Aunque tengo nueve hermanos, gran parte de la responsabilidad recayó sobre mí", recordó.
Alcaraz relató que incluso cuando su padre fue internado temporalmente en un centro de rehabilitación, recibía llamadas de madrugada porque él insistía en regresar a casa y ella debía acudir para tranquilizarlo.
Su historia refleja la experiencia de miles de cuidadores que dejan de trabajar, reducen sus ingresos y sacrifican su propio bienestar para atender a un familiar.
Pedir ayuda no es una señal de debilidad
Lobato explicó que muchos cuidadores no son conscientes del nivel de estrés que están soportando. A ello se suman preocupaciones como el aumento del costo de vida, la incertidumbre laboral y la crianza de los hijos.
En muchas familias inmigrantes también existe temor o vergüenza de solicitar ayuda.
"No duden en pedir esos recursos; esos servicios no son dádivas, sino un puente para mejorar la situación personal y la de toda la familia", afirmó Lobato.
¿Qué ayuda está disponible?
El Departamento de Envejecimiento de California y las Agencias Locales sobre el Envejecimiento (AAA) ofrecen programas gratuitos o de bajo costo para apoyar tanto a los adultos mayores como a quienes los cuidan.
Entre los servicios disponibles se encuentran:
• Capacitación y asesoría para cuidadores familiares.
• Servicios de relevo o "respiro", que permiten al cuidador descansar mientras otra persona atiende al adulto mayor.
• Apoyo para acceder a beneficios como CalFresh.
• Programas de comidas a domicilio para personas mayores.
• Servicios legales para proteger a los adultos mayores contra el fraude, el abuso o problemas relacionados con la vivienda.
¿Dónde pedir ayuda?
Condado de Alameda: 510-577-1900
Condado de Santa Clara: 408-350-3200
Condado de San Francisco: 415-355-3555
También existen líneas de ayuda disponibles las 24 horas:
Asociación del Alzheimer: 800-272-3900
CalHOPE (apoyo emocional y salud mental): 833-317-4673
Los especialistas coinciden en que cuidar de un ser querido no significa tener que hacerlo solo. Pedir ayuda no es una señal de debilidad, sino una forma de proteger la salud del cuidador, mejorar la calidad de vida del adulto mayor y fortalecer el bienestar de toda la familia.
¿Es usted un cuidador familiar?
Responda estas preguntas:
- ¿Ayuda regularmente a un padre, una madre, un abuelo o un familiar mayor?
- ¿Lo acompaña a consultas médicas?
- ¿Le administra medicamentos?
- ¿Le ayuda con las compras, la preparación de alimentos o la higiene personal?
- ¿Ha reducido sus horas de trabajo o cambiado su rutina para cuidarlo?
Si respondió "sí" a una o más preguntas, es posible que sea un cuidador familiar y pueda acceder a programas gratuitos de apoyo en California.